El tipo de cambio


El tipo de cambio orienta las transacciones internacionales, existen dos formas de expresar el tipo de cambio: la forma nominal y la forma real. El tipo de cambio nominal (E) es el precio de una moneda en términos de otra. Representa el número de unidades de moneda local que es preciso entregar para obtener una unidad de moneda extranjera. Este tipo de cambio puede expresarse como el precio de la moneda nacional expresada en moneda extranjera o bien, el precio de la moneda extranjera expresado en moneda nacional.
Existen apreciaciones y depreciaciones en el tipo de cambio nominal. Una apreciación de la moneda nacional es una subida de su precio respecto a la moneda extranjera, esto genera que el tipo de cambio suba. La depreciación de la moneda nacional es una reducción de su precio con respecto a la moneda extranjera y esto genera que el tipo de cambio baje.
El tipo de cambio real (ε) es la expresión del precio de los bienes nacionales en bienes extranjeros, este precio es el que orienta a los consumidores para decidir entre bienes nacionales o extranjeros.
ε = PE/P*

Donde:
ε = Tipo de cambio real.
P = Precio den los bienes nacionales.
E = Tipo de cambio.
P* = Precio de los bienes extranjeros.

Las variaciones en el tipo de cambio real pueden deberse a variaciones en el tipo de cambio nominal o variaciones de los bienes nacionales o extranjeros. Los tipos de cambio pueden fijarse mediante la intervención cambiaria, utilizando las reservas cambiarias. Los países pueden también modificar sus políticas nacionales para desplazar la oferta y la demanda del mercado de divisas o pueden imponer sistemas de control de cambios.
Los países eligen distintos regímenes cambiarios. Los dos principales son el régimen de tipos de cambio fijos y el de tipos de cambio flotante o también llamado flexible. La elección del régimen cambiario plantea un dilema ya que los sistemas de tipo estable benefician a las empresas. Sin embargo, mantener importantes reservas de divisas extranjeras es costoso, modificar las políticas nacionales para fijar el tipo de cambio dificulta el logro de otros objetivos y los sistemas de control de cambios distorsionan los incentivos.
Además, el tipo de cambio es doble, puesto que existe un precio para el comprador y otro para el vendedor; el precio de compra es siempre menor que el de venta pues la diferencia es lo que posibilita el beneficio del intermediario.